Tú eres responsable de tus hijos.(cortecia. the gospel coalitionhttps://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/tu-eres-responsable-de-tus-hijos)

 

 

Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas”, Deuteronomio 6:4-9.

Este pasaje se conoce como el Shemá, y es una de las oraciones más importantes para los judíos. Es vital que consideremos este texto con detenimiento, ya que nos enseña muchas cosas valiosas. Una de ellas es la importancia de enseñar la Palabra de Dios a nuestros hijos.

Un mandato para todos

El mandato en el Shemá es para cada hombre y mujer del pueblo de Dios, y enfatiza la responsabilidad primaria de los padres: educar a sus hijos en la fe.

La formación espiritual y el discipulado debe de originarse y tener su mayor fuerza y profundidad en los hogares. Esto no solo lo vemos en el Shemá; por toda la Escritura encontramos el testimonio de que Dios espera que los padres seamos los primeros maestros de nuestros hijos en los caminos y mandamientos de nuestro Dios.

Proverbios 22:6 dice, “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere grande no se apartará de él”. Este texto es un principio sabio dado por un Padre a otros padres. Tenemos la responsabilidad de enseñar a  nuestros niños en el camino de Señor y el hacerlo, aunque de ninguna manera será garantía de su conversión, definitivamente será de grande bendición para sus vidas.

Por otro lado, Jesús, a sus doce años, se encontró discutiendo temas teológicos con los rabinos de su época. Esto en parte puede atribuirse a la solidez con la que José y María lo discipularon desde muy pequeño. No podemos olvidar que Jesús es Dios, pero también un hombre que “…crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).

Es fácil darnos cuenta de que la familia es la institución de vida más importante para el desarrollo de una persona. Debido a eso, Dios diseñó que la formación espiritual de los hijos sea cultivada y modelada por los padres. Y esto no significa simplemente orar antes de cada comida con ellos, sino también cimentar una enseñanza sólida y completa de todo el consejo de Dios. Por eso en el Shemá, Dios es muy claro acerca de la constancia, frecuencia, e intencionalidad de la formación espiritual que debemos de tener para con nuestros hijos: “Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:7).

¿Cuáles son tus prioridades?

Los padres debemos buscar tener nuestras prioridades alineadas al orden de Dios. Vivimos en un mundo acelerado que nos obliga a correr en todas direcciones, tentándonos constantemente a dejar de lado la formación espiritual de nuestros niños. Al final, reducimos su instrucción a una hora el domingo y por alguien que tal vez ni siquiera conocemos. Aunque la escuela dominical para los niños es una gran bendición, no debe ser el lugar principal para la educación espiritual y bíblica de nuestros hijos.

Los padres de familia somos los encargados de la salud espiritual de nuestra esposa y de nuestros hijos. Los varones estamos llamados a ser los sacerdotes en nuestro hogar y guías espirituales de los miembros de nuestras casas. Somos los responsables delante de Dios de enseñarles la Palabra de Dios y su aplicación. Debemos de enseñarles a orar, a leer las Escrituras, y a valorar las disciplinas espirituales.

El teólogo Jonathan Edwards dijo: “Toda familia cristiana debiera ser una pequeña iglesia, consagrada a Cristo, e influenciada y gobernada enteramente por sus mandamientos. La educación y orden de la familia son algunos de los mejores medios de gracia”.1

Sé fiel a tu llamado

Quisiera motivarles a empezar o a retomar con entusiasmo y perseverancia el trabajo de la formación de los discípulos más inmediatos que Dios nos ha dado: nuestros propios hijos. Los invito a que juntos recibamos este noble encargo como una oportunidad única de parte de Dios para la formación de futuros hombres y mujeres que puedan ser de bendición a nuestro mundo. Los hijos son una bendición del Señor y una oportunidad increíble para formar más discípulos que traigan bendición al mundo y gloria a su Nombre.


Imagen: Lightstock
[1] Farewell Sermon (The Works of Jonathan Edwards, Vol. I, p. ccvi.)
Juan D. Rojas es el pastor de la Iglesia Casa Vida en Tamarindo, Costa Rica. También es el fundador del movimiento Plantación Casa Vida, y estudiante de Maestría en el Southern Baptist Theological Seminary.

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Medidas Radicales

“Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego”. Mateo 18.8–10

La Palabra nos da al menos dos claros procedimientos para resolver el tema del pecado en nuestras vidas. Uno de ellos se refiere a lo que podríamos llamar «pecados ocasionales». Estos pecados son comunes a todas las personas y en los mismos ocasionalmente también caemos nosotros. Quien está espiritualmente atento a lo que está pasando en su vida podrá detectar el nacimiento de un pensamiento que invita al pecado. El apóstol Pablo afirma que para andar en obediencia es necesario tomar estos pensamientos cautivos. Es decir, debemos «arrestar» el pensamiento mientras aún se está formando y colocarlo a los pies de Cristo, reafirmando que estamos bajo Su señorío.

El texto de hoy se refiere a una segunda categoría de pecados, aquellos que podríamos llamar pecados «habituales». Estos son los pecados que ya se han instalado en forma permanente en nuestras vidas. Nos encontramos atrapados en un círculo vicioso que no produce ninguna solución definitiva a nuestro problema. Caemos en pecado, lo confesamos, hacemos votos de nunca más cometer ese pecado, pero al poco tiempo estamos otra vez en la misma situación.

Cristo es radical con este tipo de situaciones. Nos dice que donde ya no existe la posibilidad de vencer por medio del dominio propio, porque el dominio propio es muy débil en determinada área, entonces debemos adoptar una postura más tajante. Debemos extirpar de nuestras vidas aquella actividad, circunstancia o situación que continúa alimentando un hábito pecaminoso.

Permítame ilustrar esto. Supongamos que a un joven le apasiona el fútbol. Cada vez que juega, sin embargo, pierde los estribos y entra en comportamientos de agresión violenta contra sus hermanos. Ya ha confesado muchas veces su pecado, como también pedido perdón a los involucrados. Pero siempre vuelve a caer. ¿Cuál es la solución que propone Cristo? Que deje de jugar al fútbol hasta que pueda adquirir el dominio propio para jugar sin deshonrar al Señor.

La misma realidad podría aplicarse al que mira mucha televisión, o al que es muy discutidor o a la persona que no puede controlar sus gastos. En cada caso, el camino de la resistencia no dará resultados. Lo que hace falta es un remedio más radical. Evitar la situación particular que nos lleva a caer una y otra vez en ese pecado.

El pecado no es asunto para tomar con liviandad. Cuando no se lo corrige, va empañando nuestra visión y endureciendo nuestro corazón para, eventualmente, como señala el apóstol Santiago, producir en nosotros la muerte (1.15). Para semejante mal solamente servirán decisiones que dan un corte definitivo al problema. Es mejor perderse algunas cosas en este tierra y tener amplia entrada en los cielos.

Para pensar:

«Es mejor morirse de hambre que ir a pedirle comida al diablo». Tomás Watson.

Tomado de “Alza tus Ojos”. Cristopher Shaw. Desarrollo Cristiano Internacional

Crisis de Identidad

LECTURA: 2 Pedro 1:1-12

“Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” 2 Pedro 1:9

Hace varios años leí acerca de un joven esposo que olvidó que estaba casado. Según la historia del periódico, el día después que los recién casados regresaron de su luna de miel, el esposo llegó a la casa de la oficina con tres horas de retraso. La cena estaba quemada, y su esposa estaba que echaba humo del disgusto. Distraído, ¡había ido a casa de su madre!

Esa es una historia muy graciosa. Pero cuando la gente que pertenece al Salvador sufre un problema de memoria similar no es tan chistoso. El apóstol Pedro nos recordó a los que tenemos una relación con Cristo que ya no somos lo que éramos. Como pueblo de Dios, siempre deberíamos tener en cuenta que hemos sido purificados de nuestros pecados (2 P 1:9) y que tenemos un nuevo propósito en la vida.

Los que estamos unidos a Cristo tenemos que recordarnos continuamente que le pertenecemos, y hemos de escoger vivir para su gloria. Si estudiamos las Escrituras, conversamos con el Padre y tenemos comunión con sus hijos podemos evitar la crisis de identidad espiritual de olvidar quienes somos.

Creyente, has nacido de nuevo espiritualmente en la familia de Dios. Olvidar esto dará como resultado algo mucho más grave que una cena quemada (v. 8-11).

Tu crisis de identidad se resuelve cuando te identificas con Cristo.

Tomado de “Nuestro Pan Diario Vol. 2”. Martin R. De Haan II. RBC Ministries.

El mundo de un niño

“Cuando acabó Moisés de recitar todas estas palabras ante todo Israel, les dijo: «Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que mandéis a vuestros hijos que cuiden de cumplir todas las palabras de esta Ley.” Dt 32:45-46

Una popular pizzería para niños se anuncia como “un lugar donde un niño puede ser niño”. En realidad, un niño siempre debería poder ser niño donde quiera que esté.

Pero crear un mundo para un niño va más allá de permitirle ser niño. Los padres deben entender sus responsabilidades de guiarlo. Y para eso tenemos que ver lo que dice la Biblia acerca de criar hijos:

  • Los padres deben enseñar la verdad de Dios (Dt 4:9; 32:46).
  • Los padres deben disciplinar a sus hijos en amor porque los niños son inmaduros y necesitan guía (Pr 22:15; 29:15).
  • Los padres no deben exasperar a sus hijos (Ef 6:4).
  • Las decisiones sabias de los padres traen bendición a sus hijos (Dt 30:19,20).
  • Los padres piadosos enseñan a sus hijos a obedecer (Ef 6:1; 1 Ti 3:4).
  • Los padres que enseñan a sus hijos fielmente pueden tener la confianza de que sus esfuerzos no son en vano (Pr 22:6).

Pero sobre todo, para crear un mundo para un niño, tu hogar tiene que ser un lugar donde se sirvan los unos a los otros a través del amor de Dios (Ga 5:13). ¡Y de vez en cuando es bueno también salir a comer pizza!

La mayor responsabilidad de un padre es señalar el camino a Dios.

Tomado de “Nuestro Pan Diario Vol. 2″. J. David Branon. RBC Ministries.

Sus amigos saben

Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. Jn 15:15 

Rene Lacoste, el mejor jugador de tenis del mundo a finales de los años 20, ganó siete títulos importantes durante su carrera, incluyendo múltiples victorias en Wimbledon, el abierto de los Estados Unidos y el abierto de Francia. Sus amigos le decían “el cocodrilo”, término muy apropiado para su tenacidad en la cancha.

Lacoste aceptó el apodo y se mandó a bordar un pequeño cocodrilo en su camiseta de jugar al tenis. Cuando la puso también en una linea de camisetas que diseñó posteriormente, el símbolo se hizo muy popular. Aunque miles de personas en todo el mundo llevaban puestas las “camisetas con el cocodrilo (chemise Lacoste)”, el emblema siempre tuvo un significado especial para los amigos de Lacoste, quienes conocían su origen y significado.

La cruz, emblema del cristianismo, tiene un significado especial para todos los amigos de Cristo. Siempre que vemos una cruz pensamos en la tenaz determinación de Cristo de hacer la voluntad de su Padre al morir por nosotros en el Calvario. Qué privilegio conocerlo y estar incluidos en las palabras que dijo a sus discípulos: “Ya no os llamaré siervos… pero os he llamado amigos” (Jn, 15:15).

Me puedo imaginar a un amigo de Lacoste ver el pequeño cocodrilo en la camiseta de alguien y decir: “Conozco la historia de ese emblema. Lacoste es mi amigo.” Y también puedo imaginar a un amigo de Jesús ver la cruz y hacer lo mismo.

Debido a la cruz de Cristo podemos llegar a ser amigos de Cristo.

Tomado de “Nuestro Pan Diario Vol. 2”. David C. McCasland. RBC Ministries.

Fines celestiales

…a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Efesios 2.7 (LBLA)

El primer y segundo capítulo de Efesios presentan la más extraordinaria descripción de la obra soberana de Dios al redimirnos de la vida de muerte en la cual estábamos atrapados. Pablo enumera en un versículo tras otro el sacrificio de Dios a nuestro favor, presentando una larga lista de los fabulosos beneficios que esto ha traído a todos aquellos que han hecho de Cristo su Señor. Es, literalmente, un testamento que debe ser estudiado cuidadosamente por sus hijos, pues una mera leída no servirá para entender la profundidad ni la extensión de los beneficios que hemos obtenido en él.

Observe por un momento la declaración del objetivo de este regalo de Dios a los hombres: «…a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús». Es de sumo interés para nosotros notar dos cosas puntuales en esta declaración.

En primer lugar, el objetivo de Dios se extiende mucho más allá de los objetivos nuestros. Aun en el caso de las personas más espirituales, nuestros objetivos rara vez se refieren a eventos más allá de nuestra propia vida. Para la mayoría de nosotros las metas de nuestra vida se expresan, más bien, en términos de meses y años. Aquellos pocos que están construyendo a largo plazo, pueden estirarse a metas que se miden en términos de décadas. La declaración de Pablo nos impacta porque declara que la meta de Dios ¡se mide en cuestión de siglos! Mucho después de que Pablo hubiera muerto y los detalles de sus viajes quedaran en el olvido, el Señor estaría cosechando los frutos de la obra que él realizó en y por medio del gran apóstol.

Todos deseamos contribuir en algo a la generación en la que vivimos. El Señor tiene la perspectiva puesta en la eternidad, recordándonos que solamente vale la pena esforzarse y luchar por aquellas cosas que están contempladas dentro de esta dimensión del tiempo. Muchas de las cosas que nos parecían tan importantes en su momento habrán sido olvidadas por las generaciones futuras.

En segundo lugar, notamos una vez más, que lo que Dios desea dar a conocer a los hombres de todas las épocas son «las sobreabundantes riquezas de su gracia». Es decir, que los hombres puedan mirar para atrás y decir de todo corazón: «¡realmente Dios ha sido maravillosamente bueno para con nosotros!»

Un diccionario del Nuevo Testamento define la palabra «gracia» como «una especial manifestación de la presencia, actividad, poder o gloria divina, un favor, un regalo, una bendición». En este sentido, lo visible, con el pasar de los años, las décadas y los siglos, será el carácter bondadoso, misericordioso y paciente de Dios, que ha perseguido con amor insistente, a lo largo de todas las épocas, a un ser humano terco y pervertido en sus caminos. ¿Qué testimonio nos deja está actitud por parte del Padre? El amor persistente de Dios no conoce la frase «darse por vencido».

Oración:

Oh, Dios eterno, tu misericordia ni una sombra de duda tendrá. Tu compasión y tu bondad nunca fallan, y por los siglos ¡el mismo serás!

Tomado de “Alza tus Ojos”. Cristopher Shaw. Desarrollo Cristiano Internacional

Todo para Jesús

LECTURA BÍBLICA: Marcos 6:14-29

TEXTO CLAVE: Si alguno viene a mí y no aborrece… su propia vida, no puede ser mi discípulo. Lucas 14:26

El domingo a la tarde, el 8 de enero de 1956, cinco jóvenes se encontraban en la playa de un río poco profundo. Miraban intensamente hacia la selva, buscando los rostros de los indios huaorani del Ecuador. Durante la semana, los misioneros habían pasado con su avioneta por encima del asentamiento junto al río, dejando caer obsequios con la esperanza de tener un encuentro amistoso con los huaorani. El viernes anterior, un hombre y dos mujeres huaorani habían realizado una visita amistosa a los misioneros en su campamento en la playa. Ahora los misioneros esperaban ansiosamente un segundo encuentro cara a cara con los huaorani.

Mientras los cinco se encontraban de pie a la orilla del río, hubo un movimiento en las malezas cercanas. Varios guerreros huaorani armados con lanzas atacaron a los misioneros. Minutos después los cinco jóvenes habían perdido la vida a la orilla de aquel río.

La historia de Jim Elliot y los otros cuatro misioneros fue una de las noticias sobresalientes de la década de 1950. Cinco individuos —y las familias que dejaron— dieron prueba de que el mandato de Jesús de contar al mundo de él les importaba más que la propia vida. Las familias de estos hombres siguieron trabajando en Ecuador y más adelante ayudaron a los huaorani a aprender a seguir a Jesucristo.

Tema para comentar: ¿Por qué habrán tratado Jim Elliot y sus cuatro compañeros de ser amigos de una tribu que sabían que era hostil?

Vivir para Jesús significa que no hay nada más importante para ti que descubrir lo que Jesús quiere que hagas, y luego hacerlo. Para estos misioneros, eso era testificar de Cristo a los huaorani.

La mayoría nunca enfrentaremos una prueba de vida o muerte de nuestra fe como aquellos cinco jóvenes en la selva. Pero podemos dar nuestra vida como una sacrificio vivo. ¿Recuerdas lo que Pablo escribió a los romanos? Lee lentamente este gran versículo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).

Pocos serán los cristianos llamados a morir llevando el evangelio a una tribu en alguna selva. ¡Pero cada uno de nosotros puede obedecer el mandato de Jesús de dar nuestra vida al decidir obedecerle no importa lo que nos pida o donde nos lleve!

PARA DIALOGAR: ¿En qué consiste vivir toda la vida para Jesús aunque no sean misioneros?

PARA ORAR: Señor, danos valentía para obedecerte aunque tengamos que renunciar a todo.

PARA HACER: Muchos misioneros todavía arriesgan su vida por Jesús. ¿Su iglesia sostiene a creyentes que trabajan en países hostiles y “cerrados”?

Tomado de: “Devocionales para la Familia”. Josh McDowell. Editorial Mundo Hispano.